En mi casa siempre vi costura. Mi madre bordaba, mi tía cosía y mi abuela tejía a ganchillo. Las veía hacerlo desde muy pequeña y durante las vacaciones de verano siempre hacía cosas de costura y punto.
Cuando me casé, mi marido, también muy aficionado a las manualidades, se apuntó a un curso de patchwork (¡el único chico entre tantas chicas!) y compramos una máquina de coser estupenda. Poco a poco empecé a practicar con ella y también me aficioné a la costura y al patchwork.
Cuando mis hijas gemelas (las medianas de cuatro hermanos) cumplieron un año, les hice unas coronas de fieltro para su cumpleaños. Mis amigas empezaron a pedirme que se las hiciera a sus hijos y, buscando en internet, vi que había gente vendiéndolas y pensé: quizá yo podría hacer lo mismo y vender mis coronas online. Así que empecé poco a poco, pero pronto empecé a recibir muchos encargos y tuve que dividir mi tiempo entre mi pasión y mi trabajo habitual, además de la casa y los niños… Cuando nos mudamos a vivir a Ferreira de Pantón desde un pueblo cerca de Barcelona, fue cuando empecé a dedicarme de lleno a la costura.
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